El Cristianismo: Agente de Transformación Social
Ministerios Voz de los Martires Testimonios / Directiva
En mi etapa preuniversitaria pensaba que la política era el mejor camino para hacer de nuestro país un lugar mejor para vivir, pero a principios de mi etapa universitaria entendí que esa no era la solución, y que el cristianismo sí tiene la capacidad para lograr ese cambio.
¿Por qué solemos pensar que la política es el camino para un cambio? Veamos un poco más en detalle. Algunos especialistas en el tema definen la política como el manejo de la cosa pública, de los asuntos públicos, es decir, la administración de aquello que a todos nos concierne. Toda esa gama de “asuntos públicos” los hemos dejado a cargo del Estado, que es el nivel más alto, elaborado y complejo de organización social. Las tareas que, en este orden de ideas, hemos asignado al Estado, se dividen en tres grandes grupos, que hoy definimos como los tres poderes: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. La tarea del poder ejecutivo es la administración y ejecución de las responsabilidades del Estado; el legislativo crea leyes y el judicial las interpreta y delimita sus alcances.
Lo que hagan estos tres poderes nos concierne a todos, pues de ellos depende cuánto se cobra de impuestos, qué días se recoge la basura en nuestras colonias, dónde se abren nuevas escuelas, si se imparte justicia en los tribunales, si las leyes que se crean son justas y adaptadas a la realidad de los ciudadanos, etcétera.
Siempre los que aspiran a ocupar estos “puestos públicos” prometen que van a hacer las cosas mejor que sus antecesores, e inclusive, cada vez menos, hacen propuestas de aquello que su “administración” va a mejorar.
Cuando llegan, sea del partido que sean, hacen cambios en las instituciones, crean nuevas leyes, nuevas instituciones, cambian el personal en algunas áreas…pero las cosas siguen igual. Nuevas leyes, nuevas instituciones, nuevas personas, no traen un cambio a nuestro país.
No lo digo como una teoría, sino como una descripción de la realidad. Pues aunque las leyes sean mejores, las interpretan y las aplican personas que, aunque sean diferentes a las anteriores, piensan igual que las anteriores: sólo buscan su beneficio personal y el de las personas cercanas a ellos.
Pueden crearse las leyes más avanzadas y justas, y abrirse las instituciones con los reglamentos más eficientes y con lo mejor en equipo, tecnología y el personal más capacitado, pero eso de nada sirve si la cultura de ese pueblo sigue siendo la misma, si siguen con esa cultura de robo, ambición desmedida, abuso del poder, prevaricación, etcétera. Es decir, si la ciudadanía es la misma, quien llegue al “poder” va a hacer lo mismo que el anterior, porque eso es lo que saben hacer, porque piensan igual, y por lo mismo actúan igual; es por eso que dicen que cada pueblo tiene el gobierno que se merece, porque quien lo gobierna es uno de los suyos, que piensa y actúa igual.
La corrupción que vemos en la política, es la misma que vemos en las escuelas, las casas, los centros de trabajo, las iglesias, etcétera. La única diferencia es que la corrupción en la política es más visible, porque nos afecta directamente a todos.
Nada va a cambiar por fuera, si seguimos siendo los mismos por dentro. Mientras la cultura de un pueblo no cambie, no importa qué leyes e instituciones creen, ni qué modelos de otros países copien, las cosas van a seguir igual, porque las personas siguen pensando igual, porque los políticos son sólo un reflejo de los ciudadanos que votaron por ellos.
Por eso digo que la política no es la solución para que nuestro país mejore.
Algunos piensan que la solución es la educación. ¿Pero quién va a educar a las nuevas generaciones si los que los pretenden educar son parte del mismo sistema de corrupción? Sólo veamos cómo funciona el sindicato de maestros. Desde allí vemos que no hay mucha esperanza; yo diría que ninguna. Y si alguien dijera que en la universidad es diferente, recordemos que muy pocos tienen acceso a esa educación, y muchos de los que allí imparten, son parte del mismo sistema político vigente; muy pocos hay que en realidad piensan distinto. Y en cuanto a los que allí estudian, sabemos que muchos realmente no deberían estar allí pues no pasaron los exámenes de admisión, pero como son familiares de alguien influyente, los aceptan, y muchos que sí tienen la capacidad quedan afuera porque su lugar se lo dieron a una persona del grupo anterior. Así que, en mi opinión, la solución no está en la educación, y menos si el ambiente educativo que se promueve es uno de aplastar a la competencia para alcanzar tus objetivos, como es el caso de las escuelas privadas, o particulares, como se les suele llamar.
Pensar que una mejor economía mejoraría un país tampoco me parece viable, pues si el sistema de valores es el mismo, seguirá pasando lo mismo, aunque materialmente tengan más comodidades, pero el nivel de violencia, maltrato, robos, violaciones, desfalcos, etcétera, seguirá siendo el mismo.
Creo, y estoy convencido, que la única solución para nuestro país es el cristianismo. Por el cristianismo no me refiero a una religión en particular, pues las religiones cristianas se dividen en tres grandes grupos, y cada grupo a su vez se divide en muchas ramificaciones, por eso digo que no me refiero a ninguno de esos grupos en particular, ni a ninguna de sus corrientes. Cuando hablo de cristianismo, me refiero simplemente a las enseñanzas de Cristo, que hasta nosotros han llegado a través de lo que hoy llamamos los cuatro evangelios, y de las cartas que sus discípulos escribieron. Ese es el testimonio escrito que tenemos para saber cuáles eran las enseñanzas de Cristo.
¿Por qué pienso que esas enseñanzas son la solución para nuestro país? Porque los valores que esas enseñanzas promueven son valores que hacen de las personas mejores ciudadanos.
Los valores que promueve el cristianismo son, por mencionar algunos: amor, respeto y tolerancia al prójimo; responsabilidad y honestidad en el trabajo; respeto por todas las figuras de autoridad, principalmente hacia los padres; amor, respeto y cuidado dentro de la familia, al punto de decir que el padre debe amar a su esposa e hijos tal y como Cristo amó a la iglesia, que dio su vida por ella, y no como muchos padres que golpean a sus esposas y no quieren mantener a sus hijos; justicia en nuestras relaciones unos con otros, y por justicia me refiero a darle a cada quien lo que le corresponde, sin favoritismos, como expresamente lo dice uno de los apóstoles. Y así continúa la lista, pero con los ejemplos dados es suficiente para demostrar que si todos tuviéramos esa escala de valores nuestro país sería muy diferente, y como da a entender el apóstol Pablo, ni siquiera habría necesidad de leyes, cuando dice en Gálatas 5:22-23:
“En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas”. Por fruto del Espíritu se entiende que esas virtudes mencionadas por Pablo son las que deben caracterizar a todo genuino seguidor de Cristo.
Jesucristo fue más sencillo aún, cuando le preguntaron cuál era el mandamiento más importante de la ley Judía, él contestó que amar a Dios, y que el segundo era amar a tu prójimo como a ti mismo, y luego recalcó “No hay otro mandamiento más importante que éstos” (Marcos 12:28-34), dando a entender que estos dos mandamientos son uno sólo, es decir, no puedes desligar el amor a Dios del amor al prójimo; en la enseñanza del evangelio no existe una cosa sin la otra.
Pero bueno, no voy a hablar de teología, solo agregaré, para no dejar la idea sin terminar, que dentro del cristianismo, el ejemplo más claro de lo que debemos entender por amor, es lo que hizo Cristo: que murió por los pecados de toda la humanidad, para que todo aquél que crea esto como una verdad incuestionable, pueda venir ante Dios libre de toda culpa por su propia maldad (Juan 15:12-13).
Por eso digo que sólo el cristianismo puede lograr un cambio en nuestro país, pues si todos viviéramos conforme a las enseñanzas de evangelio de Cristo, no habría la corrupción que hoy hay en la política, las escuelas, las casas, los centros de trabajo, iglesias y demás organizaciones sociales. No habría hombres maltratando a sus esposas e hijos; ni habría favoritismos en la impartición de justicia, ni habría políticos llevándose a sus cuentas particulares el dinero del pueblo, ni congresistas respondiendo a intereses de quienes los sobornan en vez de responder a los intereses de quienes votaron por ellos, etcétera.
Nota.- todas las citas bíblicas fueron tomadas de la Nueva Versión Internacional, 1999 por la Sociedad Bíblica Internacional.
VOM Asesora @ July 16, 2011